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sábado, 6 de junio de 2009

Guerrero escondido detrás del arte. Exposición de Antonio Quintana

Desde que llegue a Santiago he tratado de devorar a grandes mordiscos la cultura chilena y las visitas a exposiciones y museos se han vuelto mi pan de cada día. Son las 10 de la mañana, el Museo de Arte Contemporáneo se presenta imponente ante mis ojos, es la primera vez que estoy frente a él y no puedo esperar a entrar.

Los primero minutos me dejé llevar por la fuerza de su arquitectura, no podemos negar que la misma estructura del museo te deja sentir el arte en carne viva; pero al momento de entrar a la sala tod quedó atrás, a partir de ese instante lo único que estaba en mi cabeza eran las fotografías de este militante comunista.

Mientras recorro la galería el tiempo se detiene y mis ojos se llenan de una mezcla entre arte y documental, una fusión entre la belleza y el golpe de la realidad. “La modernidad en el Lente de Antonio Quintana” es el nombre de esta exposición que muestra una selección de fotografías en distinto formato creadas por el artista a lo largo de toda su trayectoria.

Empezando mi trayecto por la sala me detengo unos momentos a leer la biografía del artista, se trata de un verdadero luchador, de un caudillo sin título que mediante la fotografía trató de reflejar la sociedad como producto del trabajo y la explotación, al fin de cuentas hablamos de un guerrero escondido detrás del arte.

Conforme avanzo, me topo con fotografías muy diversas, desde las más pequeñas hasta las gigantescas en formato de 180x125cm; desde las que pude pasar de largo, hasta las que me detuve a observar por varios minutos, todas reflejan el estilo que marcará la tendencia de la fotografía moderna. Antonio Quintana fue el primero en mostrar que para retratar la belleza no era necesario enfocarse en paisajes perfectos o imágenes tradicionales, sino que podía encontrarla en lo más simple, en lo más natural, en la gente, en la sociedad misma; fue el pionero en fusionar el enfoque documental y artístico de la fotografía.

Así, empecé a observar las paredes; inicié con algunas de la famosa colección de “Las Manos”; pasé de lado por algunas arquitectónicas, que debo aceptar no quedaron grabadas en mi memoria; me impacte con “El palacio la Moneda” y “Secando redes” que ya sea por su tamaño o por grandeza de lo que reflejaban lograron capturar mucho mi atención; me reí un poco con “Sombras nada más” recordando la canción con el mismo nombre y disfrutando la analógica con la fotografía; quedé maravillada ante el manejo de la perspectiva en “La Baranda”; pero sobre todo qué impactada con “El guardagujas” primero por la belleza que reflejaba, segundo por la realidad que mostraba y tercero por la nostalgia al recordar el cuento de Juan José Arreola.

Mi viaje terminó, es momento de regresar a casa, doy un último vistazo y abandono la sala en la que encontré obras en blanco y negro que manejan perfectamente las luces y sombras, pero sobre todo en las que se refleja una realidad viva, palpable y sobre todo conmovedora.

Para ver una muestra de su obra click aquí